Aguja en un pajar

Al día siguiente me escribió temprano. Me agradecía por la noche anterior y decía que mis pies lo habían sorprendido. Estuvo escribiéndome todo el día hablándome de sus fantasías y preguntando por las mías. 

“Te gustaría que te amarraran?” 

– sí- 

“te gustaría que el spanking?” 

-sí-

“te gusta que torture tus pies?”

-sí-

“¿te gusta el breathplay?”

-sí-

“te gustaría que te dejaran inconsciente?” 

-no-

“A mí me gustan las agujas; ¿nos vemos hoy?”

 -sí- 

En el primer encuentro el había traído una tachuela para tentar mi resistencia. Confieso que me gustó; raspaba mis pies con la tachuela y lo introducía en las partes mas sensibles hasta que yo gritara y le dijera -ROJO-, sin saber si gemía de dolor o de placer. 

Al segundo día trajo las agujas. Eran alfileres de farmacia, de los que tienen una bolita arriba de cualquier color. Primero la desinfectó con antibacterial y luego con el encendedor la calentó. Comenzó a jugar con mi pie derecho que es el menos sensible, introdujo la aguja, pero en segundos comencé a marearme. El quería que la aguja llegara hasta la mitad, pero no pude aguantar, me sentí mal al momento y no fue para nada placentero. 

El segundo día descubrí que las agujas no eran para mi. 

Este día también conocí a su pene en su encuentro con mi boca; ahora era el quien gemía y me decía, 

“tú sorprendes”. 

En respuesta, profundizaba mas la acción y aceleraba el paso, 

“no pares por favor”; 

gemía más fuerte, me apretaba el cuello y yo apretaba más mi boca.

 Luego jugó con mi respiración colocando de nuevo sus manos en mi cuello mientras ponía su pene entre mis pies, 

“mastúrbame con los pies mientras te asfixio”, 

me ordenó. 

Así que comencé a rozar mis pies con los pliegues de su pene mientras el apretaba mi cuello. Continúo apretando hasta que llegó el punto en que ya no podía moverme y alcancé un nivel profundo de relajación. Me asusté un poco pero el tomó mi mano y dijo:

 “tranquila, estoy aquí”. 

 Así que me relajé y el comenzó a masturbarse con su otra mano mientras me mantenía en trance hasta que se vino dos veces acariciando mis pies con su semen. Soltó mi cuello. 

 “¿como te sientes?”, preguntó. 

 -relajada y bellaca-, contesté. 

Sonrió.

Continuamos hablando de cualquier cosa, de que el trabaja en el aeropuerto, de que yo trabajo en un centro de llamadas, de que mis pies eran hermosos. Lo observaba atenta y minuciosa. Veía su rostro satisfecho de tener mis pies en sus manos. Miraba sus ojos negros, su pelo negro azabache, su barba rala con una que otra cana, la tez blanca de sus dedos largos, y un dedo en específico que resaltaba por estar adornado con un anillo de compromiso.  No la de matrimonio porque no le gusta ponérsela, me diría mas adelante. 

Su esposa lo llamó y el le dijo cualquier cosa, que estaba esperando la guagua, que ya iba de camino. 

Creía que ella lo sabía, ¿por qué no? Todas las relaciones deben ser honestas, pero no.pensé. 

-Tú, tú eres una cajita de pandora-. Me dijo, y se fue. 

Segunda parte de: “Se busca kinkypartner con los pies cuidados” https://goodintentionspr.wordpress.com/2019/05/08/el-primer-dom-que-conoci-en-fet-1ra-parte/

Escrito en 2016 cuando me inscribí por primera vez en fetlife.

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